miércoles, 29 de octubre de 2014

Navalafuente



Voy surcando la sierra. Y llamo.
Desde el mirar llamo sobre el sol y la tarde
despejando las hojas del sendero, la morada
que busca indagar el tiempo en una acequia.
El pueblo es vaporoso y estoy solo.
(La amada agita su cabellera
y recoge el aire entre tanta dispersión).
Siento la tierra, las vacas, el cencerro.
Siento las huertas, el trabajo campesino.
Y unas flores silvestres.
Por las noches recorro otro sendero:
las estrellas, la lengua áspera del viento,
la distancia de una patria despojada.
Junto a mi una perra de rastro olfatea la vida.
Junto a mi una travesía, unas muchachas cálidas,
una abuela laboriosa, una cesta de frutas,
un hombre y una mujer en su destino.
La vida pasa entre encinas o pájaros,
pasa por una ventana con luna y gallos y arboleda.
En ésta nube, en éste olor a pan, en éstas setas.
El humo de mi pipa mece olvido.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 28 de octubre de 2014


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