jueves, 13 de junio de 2019

Oración pagana


En esta soledad el sonido del mar,

palabras lejanas de mis padres.

En esas voces el sentido de la tierra.

A veces hay un silencio parecido a la quietud.

(¿Qué respiración intensa olvidamos?)

A veces ojos celestes miran el vacío

como si sus antepasados

lo hubieran mirado todo por ellos.

Uno siente pudor y culpa; fragilidad.

Es como si les estuviese prohibido hablar

de aquello que les dolía.

(¿Nos hemos olvidado de las lluvias,

de las casas de teito?)

Entonces, el hijo descubrió

que no podía vivir sin ser amado.

En esta soledad la luz huele a salitre,

a manzana, a cimborrio románico.

Huele, por las tardes de inmóviles veranos,

a almidón con agua dorada.

El tabaco del padre

anunciaba el secreto de la honradez.

Cuando el hijo cierra los ojos

aparece la madre llevando

una sombrilla blanca de encaje.

Y sus cabellos negros recogidos

en una trenza triple rodeándole la cabeza.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 2019

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