miércoles, 13 de abril de 2016

Los muelles de la infancia


Los muelles de la infancia
 
Podría precisar una calle de Montevideo,
la puerta que mostraba una galería en la ciudad vieja.
También recordar un agrietado muro en Valparaíso,
cierta tarde que abarcó el universo y la soledad del universo.
O el caminar por Hita o Siracusa hablando de Marat.
Curiosamente hace días que persiste un sueño.
Estoy en el cuarto de mi infancia,
estoy en la esquina de Suipacha y Viamonte,
estoy en la vereda mirando un monumento.
Creo que es verano, creo que me alcanza el crepúsculo.
Hay un organito, un negocio de aromas herbales,
una mueblería que ennoblece un tango.
Reconozco el barrio, lo minucioso del destino,
un hálito que bordea la diáspora,
la demorada voz y los rituales del hogar.
Veo lo cotidiano.
Un manual, el ajedrez, una pelota.
Un buzón rojo, el coche verde del hielero,
un percherón y el carro que lleva mimbrería.
En este antiguo y delicado sueño cifro mi rostro.
En el anverso y reverso de una ciudad
que alguna vez tuvo un río color de león.
 
Carlos Penelas
Abril de 2016

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