martes, 4 de septiembre de 2012

Edmundo Moure, sobre "Tango"


Reproducimos la opinión del escritor chileno Edmundo Moure sobre el poema Tango, de Carlos Penelas.


El poeta tiene ojos que ven al unísono de todos los sentidos, y más allá de ellos, por la imagen poética, la metáfora, la comparación, la paráfrasis… Así, afirmamos que la poesía es un medio de conocimiento del mundo y de los seres, distinto de la ciencia y de la filosofía.

Un poeta como Penelas, escucha dentro de sí un tango, el de toda su existencia, melodía que trae la voz de su intrahistoria y la palpitación temporal de la gran historia, esa que se cuenta y que nos contamos para olvidar la desolación de una especie abandonada por sus viejos dioses.

Es difícil lograr esta simbiosis de artes en la palabra. Muchos lo han intentado al poetizar cuadros o al glosarlos, pero es habitual que podamos separar la palabra del color, la aliteración del trazo bajo el pincel. Pero Penelas lo ha logrado. Con este poema genial, se nos destruye la música si hurtamos los versos; y si ahogamos el compás melodioso, se desploman las palabras en un silencio inerte.

Pero también la poesía trae y alimenta el latido de su fuego inextinguible. Entonces, Penelas peregrina por su mundo bonaerense, desde la niñez, con los pasos leves y sensuales del tango, por esa ciudad “eterna como el aire y el agua” que es Buenos Aires. Los versos danzan al compás del bandoneón mágico de las palabras, mientras Penelas deambula con los suyos: antepasados, compañeros, amigos, amantes, hijos, y también camaradas de la palabra que procuramos seguir su ritmo.

Y para cuando cese la música, como una súbita interrupción, entonces el poeta tendrá ante sí la página en blanco, el pentagrama que volverá a llenar de canto y sonido… cuando le dejen pasar.

Edmundo Moure
Santiago de Chile
Septiembre 2012

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