lunes, 7 de mayo de 2012

Carlos Penelas en la embajada de Grecia

Hoy, 7 de mayo de 2012, concurrí a la Embajada de Grecia en Buenos Aires. Llevé el artículo publicado en diversos medios de Argentina y del exterior. Me refiero a "Homenaje a Dimitris Christoulas". Escribí, entre otras cosas, que debemos rendir un homenaje a este hombre, a la dignidad de un acto conmovedor como es el suicidio y la desesperanza ante una situación política, social y cultural muy preocupante. Un acto insurrecto, rebelde, trágico.Sugerí que deberíamos llevar un ramo de flores a cada una de las embajadas de Grecia en el mundo. Por eso fui. Llevé una copia de mi artículo y un ramo de flores.
Me atendieron con fineza, con atención, con tiempo. Hablé con Georgios Pappas, Consejero de Educación para América Latina. Se sorprendió primero ante mi exposición, se conmovió después. Le dije que no se podía entender el mundo sin la cultura helénica, que era inimaginable sentir la belleza sin lo griego, que en el Profesorado en Letras me enseñaron que la Ética es parte de la filosofía y del pensamiento de Homero y de Esquilo. Hablamos con detenimiento de las cosas del mundo. Y nos miramos a los ojos. Lo hablamos en una sala rodeada de libros, de reproducciones, de silencio. Allí, junto a nosotros estaba Dimitris Christoulas. Gracias por recibirme, Georgios Pappas. Por agradecer las flores, por la solidaridad, por el compromiso.

Carlos Penelas

1 comentario:

  1. Carlos Penelas:
    Sin duda alguna, la defunción del anciano griego, jubilado farmacéutico, es un revivir trágico de las muertes que se presentaron en nuestro país en la década de los noventa.
    O acaso ya nos olvidamos de aquella pobre gente mayor, que se colgaban en las plazas, o se arrojaban al paso de los trenes; o de la anciana Norma Plá y otros luchadores por los derechos, trepados a los portales cerrados de las Reparticiones del Estado que ignoraban sus reclamos, en vez de solucionarlos. Hoy nadie los recuerda.
    En esas épocas tuve que viajar al país del norte, obligado por cuestiones laborales; con tristeza vi gente palurda y mal educada viajar como manada en aviones que iban a la península caribeña. Lo peor fue el retorno, donde los insufribles críos traían en cabina inmensos juguetes, adquiridos gracias a la sobre valuación del peso. Sentí vergüenza ajena.
    El Estado asociado a los poderosos, cómplice en el despojo de los más indefensos. Una aberración ya harto conocida.
    Y todo sigue su curso, estimado Penelas.
    Quisiera soñar que un solo pétalo de su ramo de flores me hubiera representado, en su homenaje al mártir.
    Con todo mi respeto.
    Arturo Menéndez.

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