jueves, 30 de enero de 2020

Escrito sobre una mesa del Café Lanzós


a Aníbal Vázquez Gil

¿Recuerdas, amigo, las tarde de verano

mirando las flores, los tomates,

la acequia de la quinta de Lomas de Zamora?

¿Y el vendedor de globos, las muchachas

hermosas de los balcones altos?

¿O las valijas con la aduana de España,

el cine continuado, Buster Keaton,

el bar Dante, el ping-pong de los sábados?

Era la época donde el clown de la plaza

imaginaba trapecios, barquillos, azucenas.

Era la magia de la infancia

protegida en figuritas y baleros,

los pantalones cortos y los moños azules,

en la radio Tarzán y Poncho Negro.

Bellas estampillas de Londres o del Congo.

El olor de las panaderías,

las tardes donde padres y sueños

viajaban en tranvías, ventanillas libres

descubriendo perros extraviados

y obreros leyendo las estrellas.

Había un puerto, una fragata histórica,

un asombro de almacenes y de fútbol.

Decíamos Fangio, Grillo, Pascualito Pérez…

Era la época en que una ciudad

llamada Buenos Aires, iluminaba el cielo.


Carlos Penelas
Enero de 2020

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